Todos somos, básicamente, iguales. Y buscamos rabiosamente ser diferentes, pobres ilusos. Al final lo que nos hace diferentes no es aquello que elegimos sino lo que no elegimos: nuestros defectos, las trabas que nos autoimponemos, nuestros dolores y fracasos... En las alegrías somos todos los seres humanos muy parecidos.
Siempre he creído que no es que seamos buenos, es que aún no nos han dado la oportunidad de ser malos. O vicecersa. Y por esa y otras complejas razones no se debería juzgar a los demás congéneres, porqué sencillamente no sabemos como reaccionaríamos en su circunstancia.
También se podría resumir todo en un "no sabemos". Y sería lo más correcto.
sábado, 22 de septiembre de 2007
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